Informe
Agosto 10 de
2007
-
Ante
la urgente
necesidad
de Planificar
e Implementar
medidas coherentes
en la aviación
Civil
Dos
catástrofes:
1997, un aeroplano
de Austral Líneas
Aéreas
en Fray Bentos
en Uruguay;
la otra , en
1999, en este
caso un avión
de la desaparecida
LAPA en el Aeroparque
Jorge Newbery,
de la Ciudad
de Buenos Aires.
Ahora, la larga
crisis generada
ante la salida
de servicio
de un radar
de cobertura
primaria e en
el área
de Ezeiza, dejaron
demostrado con
total crudeza
la inviabibilidad
de los sistemas
que sostienen
a la aviación
civil en nuestro
país.
Pese a la aparente
modernización
del sistema
aerocomercial
argentino tras
un proceso larvado
desregulación
y privatización
del mismo, en
un contexto
de crecimiento
económico
y un fuerte
aumento de los
indicadores
del transporte
aéreo,
estos acontecimientos
pusieron al
desnudo serias
fallas en toda
la cadena de
controles que
han ido desde
las políticas
de capacitación
y seguridad
de las empresas
involucradas
en aquellas
catástrofes,
hasta los organismos
estatales responsables
de la planificación,
infraestructura,
verificación
y regulación
del transporte
aéreo.
En la actualidad,
la jurisdicción
competente en
esta área
es dispersa
y por lo tanto
inoperante.
Es prioritario,
entonces, normalizar
esta situación
para dotar a
este modo de
transporte de
un esquema legal,
técnico
y administrativo
eficiente que
permita al sector
despegarse de
esta situación
casi terminal
en la cual se
ha sumido.
Por estos motivos:
es fundamental
acrisolar la
más absoluta
independencia
de los organismos,
responsable
de la aviación
civil nacional
y de quien investiga
a los accidentes
de la aviación
civil, dedicándose
éste
último
específicamente
a encontrar
los errores
que provocan
los incidentes
y accidentes.
Hoy esta institución
hace que, en
última
instancia, la
autoridad de
aplicación
termine, juzgándose
a sí
misma.
Para comprender
la problemática
de la aviación
civil nacional,
es necesario
retrotraerse
varias décadas
y así
lograr analizar
una corriente
de pensamiento
insertada en
la mentalidad
de las autoridades
militares aeronáuticas
de aquella época.
En la década
del treinta,
la Alemania
nazi engendró
una compleja
maquinaria dedicada
a la guerra.
En ella, toda
la operatoria
de la industria
aeronáutica,
la aviación
civil, la comercial
y la formación
de los cuadros
técnicos
quedaba bajo
jurisdicción
militar, conformando
un ente único
destinado a
apoyar la política
beligerante
de esa nación.
Esta doctrina
conocida como
“Teoría
de la indivisibilidad
del Poder”,
fue adoptada
en varios países,
destacándose
en esos casos
por el tamaño
de su estructura
estatal y por
el grado de
ineficiencia
que alcanzaban.
Los países
avanzados rechazaron
tal posición
adoptando modelos
civiles o mixtos
que fueron paulatinamente
imponiéndose
en la mayoría
de las naciones,
pero no así
en la República
Argentina.
El sistema político
adoptado por
la Nación
Argentina al
recuperar y
afianzar los
mecanismos democráticos
de gestión,
no tiene cabida
para la supervivencia
de estructuras
inspiradas en
doctrinas de
corte corporativo,
por lo que resulta
imperiosa e
indiscutible
la necesidad
de que la gestión
de la actividad
aeronáutica
civil quede
en manos de
una organización
civil de aviación,
en un todo de
acuerdo con
el tipo de instituciones
que el referido
sistema político
requiere.
El desarrollo
de la aviación
civil, tanto
comercial como
general, hacen
a la estrategia
geopolítica
de la Nación,
especialmente
en un país
como el nuestro,
que se encuentra
alejado de los
más importantes
centros políticos,
comerciales
y poseyendo
un territorio
muy vasto y
poco poblado.
Sobre la base
de estos dos
sencillos preceptos,
se deberá
enfocar la necesidad
de adecuar las
estructuras,
y para ello,
en principio,
procurar unificar
los distintos
organismos que
rigen la actividad
aérea
y que hoy se
encuentran totalmente
dispersos en
su capacidad
de decisión
y contralor.
Por una parte:
la Fuerza Aérea
Argentina, a
través
del Comando
de Regiones
Aéreas,
la Dirección
de Fomento y
Habilitación,
la Dirección
Nacional de
Aeronavegabilidad,
la Dirección
Nacional de
Infraestructura
Aeronáutica,
la Dirección
de Tráfico
Aéreo,
más la
Junta de Investigación
de Accidentes
Aéreos
Civiles, y otros
organismos.
Y por la otra
parte, la Secretaría
de Transportes
de la Nación,
la Secretaría
de Turismo y
Deportes, y
el Ministerio
de Economía
que, a partir
de la vigencia
del Decreto
Nº 475/02,
han colocado
en el centro
de una disputa
a las diferentes
funciones relativas
a la política
aerocomercial,
sin que exista
siquiera un
ente que centralice
las decisiones
sobre el complejo
espectro de
organismos,
departamentos
y empresas que
componen la
actividad del
transporte aéreo
argentino.
De allí,
la necesidad
de promover
una nueva estructura
que se adapte
a la realidad
de los tiempos
que se avecinan
y tenga capacidad
para elaborar
las políticas
aéreas
que nos permitan
mantener una
fuerte presencia
argentina en
la región,
teniendo en
cuenta no solo
los requerimientos
de la aviación
comercial, sino
también
las necesidades
de la aviación
general, de
trabajo, deportiva
y su fomento
en general.
En los foros
internacionales
se recomienda
enfáticamente
que esta actividad
sea fuertemente
regulada, verificando,
controlando
y auditando
a las empresas
del sector,
no sólo
a las que utilizan
aeronaves, sino
también
a aquellas que
se ocupan de
los servicios
que requiere
la industria
aerocomercial.
Numerosas naciones,
consideradas
potencias aviatorias,
han adherido
de un modo u
otro a estos
criterios.-
En ellos actúa
un único
ente de regulación
y control de
la actividad
aérea
civil, mientras
que la actividad
militar ocupa
un territorio
institucional
completamente
apartado. Cuando
esas naciones,
ante circunstancias
de grave tenor,
deben recurrir
a todo el transporte
aéreo
posible, simplemente
movilizan, en
coordinación
con la autoridad
militar, toda
aeronave civil
que se adapte
a sus necesidades.
Nuestro territorio,
de inmensas
dimensiones,
necesitó
y nunca logró
que la aviación
se transforme
en vehículo
de integración,
pero no sólo
en el aspecto
geográfico,
sino también
en el cultural,
social y especialmente
económico.
Los requerimientos
de la sociedad
civil, imponen
una fuerte presencia
del Estado en
su rol de contralor
del transporte
aéreo.