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Informe Setiembre 27 de 2007

- Logrados intentos para destruir a una aerolínea

El caso del Lloyd Aéreo Boliviano, a esta altura de los acontecimientos, es absolutamente paradigmático. Pues desnuda la realidad de una ideología política que se insertó en este subcontinente desde la década de los 90´s. El común de las aerolíneas privatizadas fue la falta de las inversiones comprometidas por parte de los concesionarios.

Así desaparecieron VIASA, LADECO, Ecuatoriana de Aviación, y con ciertas diferencias, hasta la mismísima VARIG.

Y ante un marco de Estados Nacionales ausentes e indolentes, que no toman medidas, o ni siquiera las inducen. El devenir de la industria aerocomercial latinoamericana se debate, entonces, entre empresas aéreas que han comprendido el momento actual y otras que se asemejan a dinosaurios, tal el caso de Pluna, Aerolíneas Argentinas, etcétera.

Bolivia fue uno de los primeros países de Sudamérica que se decidió por la imposición del modelo neoliberal.

En 1985 -luego de una galopante hiperinflación y de innumerables movilizaciones sociales, motivaron la renuncia del presidente Hernán Siles Zuazo. El nuevo mandatario: Víctor Paz Estenssoro, promulgó un decreto eufemísticamente denominado de la “gran relocalización". Nombre que se otorgó a la medida que permitiría despedir a unos 25 mil mineros; también dar protección a la inversión extranjera; desestructurar las empresas estatales y, principalmente, la adopción de un programa donde los precios los fijaba la llamada "economía de mercado".

Gonzalo Sánchez de Lozada, hijo de un boliviano que vivía en EEUU y empleado de Nelson Rockefeller, cuando se impuso el neoliberalismo con agresividad; Llegó al gobierno en 1993 y ofreció un programa llamado "El plan de todos", que básicamente preveía la privatización de todas las empresas estatales, proceso al que se llamó "capitalización"

Se privatizó prácticamente todo: ferrocarriles, servicios de agua, luz, telefonía y recursos naturales, especialmente petróleo y gas. El requisitos central que se manejó en este proceso impedía a todo ciudadano boliviano o empresa de esa nacionalidad, participar de las privatizaciones porque "el boliviano es corrupto y el inversionista extranjero es más responsable".

Sánchez de Lozada forzó al máximo el proceso, y para hacer atractivo el país a los inversores decía: -hay que tener en cuenta que Bolivia es un país pequeño, donde las empresas no rinden altas rentabilidades-. Por ello les ofreció muchas ventajas. Así, llegaron capitales altamente especulativos.
como los de la controvertida Enron o la brasileña VASP, que en dos años quebró a la línea aérea nacional, el Lloyd Aéreo Boliviano, quien desde poseer un patrimonio de 68 millones de dólares cuando se capitalizó, dos años después fue devaluada y vendida en dos millones.

El Estado boliviano fue dueño del LAB hasta el 18 de octubre de 1995. Un día después, fue “capitalizado” es decir privatizado a favor de Viaçao Aérea Sao Paulo SA (VASP).

En noviembre del 2001, ante la difícil situación que la gerenciadora brasileña llevó a la aérea boliviana y ante los fuertes reclamos de la sociedad y los trabajadores sobre aquello que consideraban escandaloso fraude empresarial y paulatino desmantelamiento de esta. Llevó a los titulares de VASP, la familia Canedo con su apoderado local, el abogado Fernando Salazar a vender sus acciones al empresario Ernesto Asbún. Así, el Lloyd Aéreo Boliviano continuaba con su incierto derrotero.

En aquellos momentos el patrimonio neto de esta alcanzaba los dos millones cuatrocientosmil dólares.

Según la nueva composición accionaria del LAB, el 50% de las acciones le pertenecían al empresario Ernesto Asbún, el 48,64% “a los bolivianos” que participaban a través de dos Administradores de Fondos y Pensiones (AFPs) (24,32% cada una) y el 1,36 restante a pequeños accionistas, entre ellos la asociación de trabajadores del LAB.

Al tope de la crisis se arribó a finales de enero del año pasado, cuando los pilotos se declararon en huelga. Estos desde largo tiempo atrás denunciaban el mal gerenciamiento y reclamaban su intervención. Desmantelada por la “capitalización” (privatización) Y los sucesivos procesos de compra y venta a las que fuera sometida. La medida decretada por los profesionales se debía a que el Lloyd Aéreo Boliviano no depositaba desde hacía cincuenta meses los aportes descontados a favor de las administradoras previsionales.

Como efecto del incumplimiento del pago a las AFPs, muchos trabajadores vieron que no podían jubilarse, ni tampoco recibir atención médica. Esta apropiación indebida de los aportes sociales tuvo una lamentable consecuencia. Cuando una trabajadora perdió la vida luego de dar a luz sin atención médica, habida cuenta el incumplimiento de depositar las retenciones y los aportes.

Como medida intentando paliar la crisis, Ernesto Asbún, accionista principal del Lloyd, ofreció a los trabajadores venderles su parte por tres millones de dólares. Cómo es de imaginar estos no tardaron en responderle, rechazando la oferta en todos sus términos.

Los trabajadores de la aérea boliviana reclamaban como contrapartida, su nacionalización, y esperaron Que el Presidente de la Nación, Evo Morales, se pronunciase.

Este se negó categóricamente a nacionalizarla con el argumento de que significaría “nacionalizar la corrupción” y obligar al “Estado hacerse cargo de las deudas de una empresa privada”.

A finales de marzo, la Superintendencia de Transportes de Bolivia determinó, la suspensión de todos los vuelos regulares del LAB hasta que acreditara su capacidad operativa y financiera.

Ello se produjo como consecuencia de que la aerolínea cancelara sus vuelos a España, habida cuenta que no podía pagar el combustible ni el seguro de sus aviones.

En aquel momento, el LAB dejó en tierra a más de un millar de bolivianos que pretendían viajar a la Unión Europea (UE) antes del 1 de abril, cuando entrara en vigor la exigencia de visado para los ciudadanos de ese país. Paralelamente la Superintendencia de Transportes resolvió prohibir al LAB la venta de pasajes con destino a las ciudades de Panamá, México, Miami y Washington.

A mediados de junio, los fiscales anticorrupción, luego de escuchar a Ernesto Asbún durante varias horas, determinaron imputarle por los delitos: atentados contra la seguridad de los medios de transporte, atentados contra la libertad de trabajo y desobediencia a la autoridad.

El gerente general del Lloyd, Carlos Di Marchi, supo calificar de "juicio injusto" al que se iniciaba desde la Fiscalía contra Asbún y señalaba que éste seguiría al frente de la empresa a pesar del proceso judicial.

A mediados de julio, el fiscal del Distrito de La Paz Fernando Ganan confirmó la fuga del ex presidente del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) Ernesto Asbún. El empresario habría huido desde Santa Cruz de la Sierra en su avioneta particular con destino a Argentina, y, a poco de cruzar la frontera, tomado tierra y continuando por carretera con destino a Buenos Aires. El empresario, al abandonar el país dejó a la empresa aérea en quiebra técnica.

el 28 de julio, la empresa estadounidense Swiss Transatlantic Corp tomó el control del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), quien pretendía reanudar sus vuelos el 14 de septiembre. En una junta ordinaria de accionistas celebrada en la ciudad de Cochabamba, la compañía de EEUU asumió el control del directorio del LAB, suspendida por las autoridades bolivianas, por su falta de capacidad operativa y financiera. El nuevo directorio nombró presidente de la aerolínea a David Bressler, abogado residente en Nueva Jersey, y vicepresidente a Henry Barbey, actual presidente ejecutivo de Swiss Transatlantic. De allí surgió el compromiso de invertir ochenta millones de dólares para relanzar a esta aérea.

Desde que se agudizara la crisis del Lloyd Aéreo Boliviano con la suspensión de operaciones en marzo, se devolvieron cinco aeronaves arrendadas a las empresas Pegasus, Aerocapital y otras que exigieron la entrega por falta de pago. Actualmente la aerolínea tiene en propiedad ocho aeronaves: dos boeing 727-100, tres 727-200 y un Fokker F-27, en los hangares de Cochabamba; mientras que un 737-300 (Paitití) en Sao Paulo, Brasil y otro 727-200 en Lima, Perú. Un avión que otra línea aérea boliviana, Aerosur dijo haber adquirido correspondería al lote de aparatos devueltos hace algunos meses a la empresa Pegasus. Se trata concretamente del Boeing 727-200, con matrícula CP-2433.

Martín Castelli